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CAPÍTULO 15

¿ES ESPAÑA UN DESTINO TURÍSTICO BARATO?

En más de un artículo se habrá visto la crítica que se hace de la imagen de España como destino barato, y que muchos hoteleros se empeñan en mantener a base de ofertas, que en ningún caso tienen que ver con la realidad de sus costes, si de verdad tuvieran idea de cómo se producen éstos.

La mayoría de nuestros hoteles saben lo que ganan, cuando a final del ejercicio cierran su contabilidad, pero muy pocos saben cuando, donde y como lo ganan. En la mayor parte de los casos, la contabilidad es una herramienta que les permite hacer sus liquidaciones con el fisco, pero en pocos casos es una herramienta de gestión que permita optimizar ésta, con  logro de mejores resultados.

De esta manera, podemos encontrarnos con muchos hoteles vacacionales en la costa mediterránea y zonas turísticas de las Islas Baleares y Canarias que ofertan precios en competencia con los países subdesarrollados o en vías de desarrollo que pretenden salir de su situación por medio del turismo, llegando en algunos hoteles de tres y cuatro estrellas a ofertas de media pensión por menos de 20 € y pensiones completas por 30 € e incluso menos. En ocasiones podremos ver en Internet y anuncios de prensa o folletos de operadores nacionales y extranjeros, ofertas solo alojamiento o alojamiento y desayuno por precios sumamente bajos, y para acabar de redondear la oferta, anuncian la posibilidad de disponer de un menú de almuerzo o cena por 5 ó 6 euros.

Y todo lo señalado en el párrafo anterior, no significa en realidad que España sea un destino barato, porque cuando el turista extranjero o nacional, llega al hotel de tan económicas ofertas, puede encontrarse con unas magníficas instalaciones y un servicio que solamente se podría definir como aceptable con una gran capacidad de aguante y no menores dosis de paciencia.

Pero eso no es todo, porque cuando en el comedor de ese mismo hotel pretenda comer con una botella de buen vino y en su bar tomarse un par de cervezas a lo largo del día, es posible que su coste sea superior a lo que había pagado por la media pensión, y no digamos si por la noche se le ocurre añadir un cubata durante las sesiones de animación.

No obstante, no es en los costes de bebida del propio hotel, donde encontrará los mayores problemas, en cuanto a coste se refiere, es cuando pretende salir del mismo, e ir a comer un día a un buen restaurante, y una comida le cuesta alrededor de dos veces lo que había pagado por la media pensión en el establecimiento hotelero, y si por la noche va a la discoteca de moda en el centro turístico en que se encuentre, un par de whiskys o cubatas pueden costarle igualmente más de lo que pago por el hotel.

La realidad, es que en el momento actual, el coste de unas vacaciones en España, no es barato, aunque los hoteles se empeñen en regalar sus servicios, con lo que solo consiguen ir trayendo clientes para que otros intenten enriquecerse.

Pueden observar que he dicho “otros intenten enriquecerse” porque la verdad, es que salvo raras excepciones, de establecimientos que lo hacen realmente bien, pocos de los establecimientos a los que puedas ir a comer con un coste de alrededor de 50 € por servicio, garantizan la satisfacción del cliente, con lo que todos los años se abren y cierran o cambian de propietario innumerables restaurantes, bares y cafeterías, que se arruinan, unos por su falta de profesionalidad y capacidad de gestión, otros porque a precios escandalosamente caros, unen servicios deplorables, con camareros y jefes de sala que como “transportistas de platos” en lugar de profesionales de sala, debieran estar integrados en los sindicatos del transporte en lugar de los de hostelería.

Considero que no es con ofertas de última hora, como se va a lograr solucionar los problemas del turismo, ni pidiendo al Gobierno una moratoria en la construcción de hoteles, en el primer caso porque aún con el hotel regalado y el viaje a bajo coste, una estancia de una o dos semanas termina saliendo cara, al cliente que nos visita, como consecuencia de los servicios que realiza fuera del hotel, y en el segundo, porque estamos en un país de libre mercado y la mayoría de potenciales inversores, no van a creerse que los hoteles pierden dinero, cuando están llenos, y van a continuar haciendo hoteles, aunque luego les cueste la ruina, y ayuden a arruinarse a los que estaban antes y les animaron a realizar la inversión al ver que sus hoteles estaban llenos.

Solamente mejorando y diversificando los servicios, creando productos más sofisticados que ayuden a lograr un cliente repetitivo, animándole a pagar lo que realmente deben costar los servicios que recibe, para que el hotelero con mucho menor nivel de ocupación del que actualmente tiene, pueda obtener los resultados apetecidos, y el inversor “espontáneo” que se tira al ruedo ante la visión del espectáculo (hotel lleno) se desanime al ver que la mayoría de los que están, tienen dificultades para ocupar sus establecimientos, se podrá llegar a solucionar el actual problema del turismo en España.

Comprendo que esta visión no será del gusto de muchos empresarios, directivos hoteleros, funcionarios de la administración turística y políticos que defienden posturas de plena ocupación, pero es la que tiene un profesional que para sacar adelante establecimientos en pérdidas con muy altos niveles de ocupación, se ha visto obligado a investigar otras fórmulas de gestión y recorrer por caminos de diferenciación y diversificación que le alejasen de las prácticas del  marketing de los productos de consumo, normalmente utilizado por la mayoría, y que a su juicio está muy alejado del que corresponde practicar a las empresas de servicios.

Espero comentarios y críticas, a esta visión, que se sustenten con argumentos que nos permitan ampliar nuestra perspectiva de la comercialización del turismo en todos sus ámbitos, y no solo el hotelero, ya que de una forma u otra, el problema afecta a todos cuantos desarrollan su actividad en la compleja industria turística.